Końskie, la masacre que Leni Riefenstahl negó haber visto

11 Otra foto de la masacre del 12 en la plaza Kosciuszko

07 en el mercado

Konskie, plaza Kosciuszko, 12 de septiembre de 1939. Fotos del Instituto Nacional de la Memoria de Polonia.

El 12 de septiembre de 1939 Końskie es una pequeña ciudad del centro de Polonia, a medio camino entre Varsovia y Cracovia, rodeada de bosques. En estos doce días de guerra, los alemanes han penetrado tan profundamente en el país que von Reichenau ha establecido en sus cercanías el cuartel general de su 10º Ejército. Hitler le visita, tras aterrizar en el aeródromo de Białaczów el día 10. Aún así la zona dista de ser segura para los invasores. Dos días antes se habían encontrado los cadáveres de seis soldados alemanes que al parecer habían sido sorprendidos durmiendo, y hoy un oficial de alto rango y cuatro soldados son encontrados muertos cerca del pueblo. Sus cuerpos son expuestos en una iglesia.  En septiembre de 1939 el 60% de los 10.000 habitantes de Końskie eran judíos. Sigue leyendo

Choltitz en Posen. Conversaciones indiscretas (5)

La siguente conversación recogida en Trent Park coincide y amplía lo narrado por Von Choltitz en sus memorias sobre su entrevista con Hitler cuando le dio el mando de París, sustituyendo a Von Stülpnagel, implicado en la Operación Walküre (Valkiria). La reunión de Posen de la que habla tuvo lugar a finales de enero de 1944, y no es la del famoso discurso de Himmler, que tuvo lugar el 4 de octubre de 1943, aunque sirve como muestra de cómo trascurrían estos encuentros. No se conserva el programa detallado de la reunión, ni la lista de los asistentes. Otros generales en otras conversaciones (Graf Rothkirch, Richard Veith) coinciden con la descripción de Choltitz, mientras Freiher von Gersdorff en sus memorias es aún más crítico. La “excursión” para oír a Hitler en Rastenburg fue el 27 de enero de 1944. Las aclaraciones entre paréntesis son del libro, las de corchetes son de este blog.

CSDIC (Reino unido) GRGG 183

Informe sobre los datos obtenidos de oficiales superiores (prisioneros de guerra) el 29 de agosto de 1944 (TNA, WO 208/4363).

[…]

Schlieben: Nosotros somos una espina que tienen clavada.

Choltitz: Hitler nos odia.

Schlieben: ¡Sí, nos odia! ¿Cuánto tiempo le estuvo arengando a usted cuando fue a dar sus informes?

Choltitz: Tres cuartos de hora.

Schlieben: ¿Estaba sentado en una mesa grande o cómo?

Choltitz: Estaba de pie.

Schlieben: Y después introdujeron el saludo nazi en sustitución de la carencia de fuerza aérea, ¿no? [fue Goering quien propuso hacer obligatorio el “Heil, Hitler” en las fuerzas armadas el 21 de julio de 1944, el día después del atentado de Stauffenberg].

Choltitz: Sí.

Choltitz: Yo vi a Hitler hace cuatro semanas, cuando me pescó para París.

Bassenge: ¿Qué impresión produce? Sigue leyendo

Manstein, Hitler, los campos y los judíos. Entrevista 14 junio 1946

—En la actualidad ¿qué piensa Manstein de Hitler?

—Aparentemente, con el paso del tiempo Hitler dejó de tener ningún escrúpulo moral. Sin embargo, esto es algo que comprendí más adelante, aunque en su momento no me hice a la idea.

—¿Cuándo empezó a creer que Hitler carecía de escrúpulos morales?

—Cuando terminó la guerra. Cuando tuve noticia de todo lo que había ocurrido. Mi primera visión de la total falta de moralidad por parte de Hitler fue su conducta tras el 30 de julio de 1944, con los subsiguientes juicios, ahorcamientos, etcétera. Y también después, cuando tuve conocimiento de la aniquilación de los judíos.

—Esas aniquilaciones de los judíos habían comenzado antes. ¿Quiere dar a entender que con anterioridad no tuvo conocimiento de todo eso?

—Sé que comenzó mucho antes, posiblemente en 1940 o 1941, pero no lo supe entonces con seguridad. Yo era un militar, estaba pendiente de ganar una guerra.

—¿No sabe nada de las grandes acciones tomadas contra los judíos ya en noviembre de 1938 [se refiere a “la noche de los cristales rotos“].

Ha respondido sin demasiado sentimiento.

—Sí, como no. Todos consideramos que fue algo muy desafortunado, pero lo vimos como una parte de un movimiento revolucionario.

—¿No tiene idea del número de campos de concentración existentes en Alemania?

—En tiempos de paz tuve conocimiento de Oranienburg y Dachau. Recuerdo que un joven del Estado Mayor visitó Orianenburg y luego me contó que había unos doscientos o trescientos hombres internados, pero que los internos eran en su mayoría criminales de profesión, a los que se había sumado una pequeña parte de presos políticos. Este oficial que estaba a mis órdenes también me dijo que la los internos se les trataba correctamente. Aquello fue en 1939, quizá antes. A lo largo de la guerra, no obstante, estuve en todo momento en el frente, y nunca volví a saber nada de los campos de concentración, de las atrocidades ni de asuntos que no me concernían. Sigue leyendo

No se admiten espontáneos

Manstein en sus memorias, tras recordarnos lo disgustadísimo que estaba con la “Orden de los Comisarios“, y cómo no la cumplía mientras estaba al mando del  LVI Cuerpo Panzer (Grupo de Ejércitos Norte) nos cuenta que al llegar al estado mayor del 11º ejército (Grupo de Ejércitos Sur) por la muerte de su anterior comandante, allí tampoco se cumplía.

Que esta actitud mía era la normal y corriente en el Ejército, lo demuestra lo sucedido cuando me hice cargo del mando del Decimoprimer Ejército, pues que [sic] tampoco allí se dio cumplimiento a la “orden de los comisarios”. Los pocos que fueron pasados por las armas, no habían sido capturados en combate, sino en zonas de retaguardia, convictos de organizar o mandar partidas de francotiradores. No hicimos con ellos otra cosa que aplicarles las leyes de guerra.

Von Manstein, Erich: Victorias frustradas (Verlorene Siege, 1955. Traducción M. Picos Vilabella). Inédita,  Barcelona 2006 pg. 232.

Manstein fue nombrado comandante de este 11º Ejército el 12 de septiembre de 1941, al aterrizar el Storch de su predecesor en un campo de minas. Una de las unidades del 11º ejército, el XXX Cuerpo de ejército había distribuído la siguiente orden, a nivel de compañías, el 2 de agosto de 1941:

Participación de los soldados en las acciones contra judíos y comunistas.

Es necesario quebrar a cualquier precio la fanática voluntad mostrada por los miembros del partido comunista y por los judíos de detener el avance del ejército alemán cueste lo que cueste. Con el objeto de mantener la seguridad en el Área de Retaguardia del Ejército es necesario, por lo tanto, tomar medidas drásticas [dass scharf durchgegriffen wird]. Ésta es la tarea de los Sonderkommandos. Desafortunadamente, sin embargo, en una acción de este tipo ha participado personal militar. Por lo tanto, ordeno en el futuro:

Sólo pueden tomar parte en dichas acciones aquellos soldados a los que específicamente se les haya ordenado. Además, prohíbo a cualquier miembro de esta unidad participar como espectador. En lo que respecta al personal militar asignado para estas acciones, tiene que estar mandado por un oficial. El oficial debe encargarse de que las tropas no cometan excesos desagradables.

El comandante del XXX Cuerpo de Ejército {198. Infanterie-Division, 49. Artillerie Rgt. Stab (mot.), II./54. gemischter Artillerie-Abt. (mot.). I./77. schwere Feldhaubitzen-Abt.(t) (mot.)} era el Generaloberst Von Salmuth. Órdenes semejantes se impartieron también al 6º Ejército el 10 de agosto de 1941. Aunque el comandante de ese ejército era Von Reicheneau, estaba firmada por el mando de todo el Grupo de Ejércitos Sur, Von Rundstedt (NOKW-1654).  Rundstedt mandó otra orden semejante al mando del Área de Retaguardia de su Grupo de Ejércitos el 24 de septiembre de 1941. (NOKW-541)

Hilberg, Raul: La destrucción de los judíos europeos (The destruction of european Jews 1961-2002, traducción de Cristina Piña Aldao). Akal, Barcelona 2005. pg.355-56

Barbarroja y Von Reichenau

Mariscal de campo Walter Von Reichenau (1884-1942), comandante en jefe del 6º Ejército, orden del 10 de octubre de 1941 (D-411)

[…]

El objetivo esencial de la campaña contra el sistema judeobolchevique es la destrucción completa de sus instrumentos de poder y la erradicación de la influencia asiática sobre la esfera cultural europea…. En el Este, el soldado no es sólo un combatiente que sigue las reglas de la guerra, sino también el portador de un concepto racial [völkkischen Idee] inexorable y el vengador de todas las bestialidades que se han cometido contra los alemanes y las razas afines.

Por lo tanto, el soldado debe poseer una comprensión completa de la necesidad de la expiación, severa pero justa, que le corresponde a la subhumanidad judía [am Jüdischen Untermenschentum]. Ello tiene el objetivo complementario de cortar de raíz, en la retaguardia de la Wehrmacht, los conatos de rebelión que, como demuestra la experiencia, siempre traman los judíos. […] Sólo de este modo cumpliremos con nuestro deber histórico de liberar al pueblo alemán de una vez por todas de la amenaza judeoasiática.

Von Reichenau ha pasado a la historia como uno de los oficiales más fielmente sometido a las consignas de Hitler, expresando siempre su deseo de cumplir sus órdenes hasta el último detalle, identificándose sin problemas con la “guerra racial” hasta en sus últimas consecuencias. Sin embargo, es el único de los “grandes” militares de la preguerra que no tuvo tiempo de ver cómo cambiaba la marea, ya que murió el 17 de enero de 1942. No tuvo tiempo de hacer desaparecer papeles comprometedores. No pudo escribir unas memorias. Por el contrario, su desaparición daba vía libre a sus compañeros para que, por comparación, sus carreras parecieran más limpias. Ellos tenían escrúpulos, no como ese arribista de Reicheneau.

Pero esta orden (aquí está completa, en inglés) aparte de las alabanzas de Hitler, también recibió la aprobación del mariscal de campo Von Rundstedt como comandante del Grupo de Ejércitos Sur, que la redistribuyó a los otros ejércitos a su cargo: 11º, 17º y 1º ejército pánzer, así como al comandante del Área de retaguardia del Grupo de Ejército Sur, el 17 de octubre de 1941. (NOKW-309). Desde el 12 de septiembre, Von Manstein es el comandante del 11º Ejército, y el 20 de noviembre decide reforzar la proclama de Reicheneau con la suya propia.

Wistrich, Robert. S.: Hitler y el holocausto (Hitler and the Holocaust, 2001, traducción de Ricard Martínez). Mondadori, Barcelona 2002, pg 161.

Kershaw, Ian: Hitler 1936-1945 (Hitler,1936-1945 Nemesis, 2000, traducción de José Manuel Álvarez Flórez). Península, Barcelona 2000. pg. 457.

Hilberg, Raul: La destrucción de los judíos europeos (The destruction of european Jews 1961-2002, traducción de Cristina Piña Aldao). Akal, Barcelona 2005. pg.351

Manstein y la “Compañía especial” D

A finales del 41 (la orden de Manstein es del 20 de noviembre) han sido aniquiladas 43 de las 70 comunidades judías de Ucrania. El 24-25 octubre de 1941 fueron fusilados 16.000 judíos de Odessa, después de trasladarlos a Dalnik. A partir del 5 de noviembre comienza la aniquilación de 17.000 de Rovno, trasladados a Sosenski. La cuenta final del Einsatzgruppen D, según sus propias estimaciones, es de 90.000 civiles judíos fusilados, a veces, como en Simferopol, Crimea, con la colaboración directa de la Wehrmacht.

Aparte de que se conservan casi todos sus informes emitidos a la RSHA y conservados por la GESTAPO, que se han confirmado y completado (para las fechas más tempranas) por las trascripciones de Ultra reveladas en 1974, tenemos el testimonio de su jefe, Ohlendorf, en su juicio, contando cómo en ocasiones la Wehrmacht colaboró con él para realizar su “trabajo”. Los testimonios “exculpadores”, como el que se pidiera que no se fusilase a los granjeros judíos, lo único que muestran es que el mando del ejército sabía perfectamente qué estaba sucediendo con la población judía. No había avestruces en el GE Sur.

“De acuerdo con el ejército habíamos excluido de las ejecuciones a un buen número de judíos: todos los granjeros. [se quiere asegurar la producción de alimentos, pero Himmler se entera en una visita a la zona] Se me reprochó esta medida y [Himmler] ordenó que, a partir de ese momento, incluso en contra de la voluntad del ejército, las ejecuciones deberían tener lugar según lo planeado.[…] El Reichfürer se dirigió a sus hombres y repitió la orden estricta de acabar con todos aquellos grupos. Añadió que sólo él sería responsable de rendirle cuentas al Führer. Ninguno de los soldados tendría responsabilidad alguna, pero les exigió el cumplimiento de aquella orden, aunque sabía muy bien lo duras que eran aquellas medidas. Sin embargo, después de la cena, hablé con el Reichsführer y deploré la carga inhumana que se había echado sobre aquellos hombres al tener que matar a todos aquellos civiles. Ni siquiera me contestó.”

Amos de la muerte. Los SS-Einsatzgruppen y el origen del Holocausto, de Richard Rodhes. (Traducción de Ignacio Hierro, The SS-Einsatzgruppen and the invention of the Holocaut, 2002). Seix Barral, Barcelona 2003. Pp 286-287.

Ver también :

http://www.einsatzgruppenarchives.com/osr113.html

http://www.einsatzgruppenarchives.com/osr117.html

http://www.einsatzgruppenarchives.com/osr149.html

Manstein, Barbarroja y los crímenes de guerra

En mayo del 41, antes de Barbarroja, ya está todo previsto sobre cómo debe llevarse la guerra contra la URSS:

  • “Los comisarios del Ejército Rojo no serán reconocidos como prisioneros de guerra y serán liquidados. No serán trasladados a retaguardia”.
  • No se juzgará a los soldados alemanes que maten o maltraten a los civiles soviéticos (decreto del Fuhrer del 13 de Mayo de 1941, sobre la regulación de la conducta de las tropas durante “Barbarroja”).

Los Einsatzgruppen son batallones especiales de la SD y Policía de Orden, pero es la Wehrmacht quien tiene que proporcionarles combustible, comida, alojamiento y comunicaciones por radio; y sobre todo, entregarles a todo sospechoso de ser judío o miembro del PCUS.

Todo ello está estipulado antes de Barbarroja, negociado desde marzo y rubicado en mayo del 41.

Pero la tarea es demasiado inmensa para que sólo los SS realicen su función solitos, así que pronto el Heer también se dedica a la tarea, e incluso participan unidades de tierra de la Luftwaffe. De todo ello tenemos informes por los mismos Einsatzgruppen o de los Estados mayores de los Grupos de Ejército, que mencionan la colaboración (o no) de según qué mandos o unidades.

Guderian o von Bock, por ejemplo, protestaron. Pero ¿cuál fue la reacción de Manstein, jefe entonces del XI Ejército? Según sus (recientemente reeditadas) memorias (1955), ni la cumplió ni ocultó que no iba a cumplirla. Es más, cuando fue trasladado del LVI Cuerpo Pánzer al 11º Ejército, comprobó que tampoco allí se cumplía demasiado (pp. 231-232 de la edición de Inédita Ediciones, Barcelona 2006). Desgraciadamente para él, algunas de sus órdenes originales sobrevivieron a los vaivenes de la guerra. Como ésta, que fue presentada en su juicio:
Orden del día [para los oficiales], 20 de noviembre de 1941:

Desde el 22 de junio, el pueblo alemán se encuentra sumido en una batalla a vida o muerte contra el sistema bolchevique. Esta batalla contra el ejército soviético no se libra exclusivamente de manera convencional y de acuerdo con las reglas de la guerra europea…. Los judíos son los intermediarios entre el enemigo situado a retaguardia y los restos del ejército rojo y la dirección roja que aún combaten: ejercen un control mucho más fuerte que en Europa sobre todas las posiciones clave de la dirección política y la administración, ocupan el comercio y los negocios y además forman células para toda clase de disturbios y posibles rebeliones.

Hay que erradicar el sistema judeobolchevique de una vez por todas; no puede volver a interferir jamás en nuestro espacio vital europeo. Por lo tanto, al soldado alemán no sólo le corresponde la tarea de destruir el instrumento de poder de este sistema, sino que avanza como portador de una concepción racial y como vengador de todas las atrocidades que se han cometido contra él y contra el pueblo alemán.

El soldado alemán debe demostrar que comprende la severa expiación que corresponde al judaísmo, el portador espiritual del terror bolchevique.

Documento 4064-PS.  Citado en “Hitler y el holocausto” de Robert S. Wistrich, (Hitler and the Holocaust, 2001, traducción de Ricard Martínez). Mondadori, Barcelona 2002, pp161-162.

Kershaw, Ian: Hitler 1936-1945 (Hitler,1936-1945 Nemesis, 2000, traducción de José Manuel Álvarez Flórez). Península, Barcelona 2000. pg. 458.

Von Manstein no fue juzgado en Nuremberg, (juicios al Alto Mando Alemán de Nuremberg, del 30 de Diciembre de 1947 al 28 de octubre de 1948), sino en un juicio en Hamburgo en agosto de 1948, donde le sentenciaron a 18 años, conmutados a 12, de los que cumplió cuatro.

Las actas del “juicio de los generales” de Nuremberg, con algunos de los documentos empleados.