Los “orígenes judíos” de Heydrich

La paranoia del antisemitismo nazi no respetaba nada, y en las luchas en el partido por el poder nadie dudaba en aprovechar todo tipo de rumores acerca de si éste o aquél dirigente rival, en realidad, tenía orígenes judíos.

Los rumores en el caso de Reinhard Heydrich eran infundados, pero no fueron inventados por sus enemigos del partido, ni siquiera por la malévola propaganda aliada. Los rumores persiguieron a su familia sobre todo por la “forma de ser” de su padre, e ilustran bastante bien cómo la monomanía antisemita podía volverse incluso contra sus más fervientes partidarios.

… Su padre, Bruno Heydrich, era un hombre hecho a sí mismo, un cantante y compositor menor que había ascendido entre la clase media gracias a su duro trabajo y a un afortunado matrimonio con Elizabeth Kranz, hija de una próspera familia musical de Dresde. […]. En cuanto a Bruno, fue un hombre extremadamente frustrado.
Su temprana carrera como cantante de ópera fue un fracaso, y nunca obtuvo el reconocimiento que esperaba en sus trabajos como compositor. Sus producciones wagnerianas recibieron algún reconocimiento de la crítica en Colonia y Leipzig, pero no consiguió ser llamado por la Ópera de la Corte de Berlín. Ni tampoco las autoridades del estado le concedieron el prestigioso título de profesor, a pesar de sus numerosas actividades.
Los problemas profesionales de Bruno iban más allá de una simple falta de talento. Había un enigma que lastraba el status de los Heydrich, que nunca fueron completamente aceptados por la alta sociedad de Halle. Los humildes orígenes de Bruno pesaban indudablemente en su contra en la Alemania del Káiser, donde las barreras sociales se mantenían con fuerza, y donde era normal negar el reconocimiento social a aquellos que habían tenido éxito logrando los prerrequisitos materiales para entrar en la clase alta. No era sólo que la familia seguía siendo católica en una sociedad mayoritariamente protestante. El parón en el ascenso social de Bruno también se veía entorpecido por el persistente rumor de que era judío. Como un antiguo residente de Halle recordó, “muchos de sus habitantes… no tenían ninguna duda de sus orígenes judíos“. De hecho, los rumores eran completamente infundados. Después de la muerte de su padre, la madre de Bruno se había vuelto a casar con un cerrajero llamado Gustav Süss. Por ello el nombre de la familia se escribió en algunas partes como Heydrich-Süss, y Bruno fue inscrito con este nombre en el Directorio Musical publicado en 1916, una entrada que fue corregida en las siguientes ediciones, pero que no se pudo corregir en la de ese año. Süss no era judío y no tenía ninguna relación directa con Bruno, pero el hecho de que muchas familias judías tenían ese apellido animaba a la especulación. Mientras que Bruno intentaba bromear con esta historia, de hecho actuaba en contra suya. El antisemitismo era muy común en la Alemania Imperial, sobre todo entre ciertos grupos de las clases medias que se sentían amenazadas por la rápida industrialización y los cambios sociales. […]. Estas ideas eran combinadas y popularizadas por escritores como Houston Stewart Chamberlain, cuyo clásico racista, Grundlagen des Neunzehnten Jahrhunderts (Fundamentos del siglo XIX) tuvo una gran difusión desde su publicación en 1899, habiendo vendido ocho ediciones y 100.000 ejemplares hasta 1914. Políticamente, el antisemitismo estuvo en boca de todos durante la depresión económica de los años 90 (1890) y pareció perder adeptos en la primera década del nuevo siglo. Socialmente, sin embargo, las ideas völkisch habían calado en una buena parte de las clases medias.
Fue una desgracia para Bruno Heydrich el que viviera en una región donde el antisemitismo estaba bien establecido. Fue una víctima irónica de los prejuicios, ya que él era un ferviente partidario de la ideología völkisch, que le consolaba de sus frustraciones sociales gracias a su extremo nacionalismo y lealtad a la figura del Káiser. Aunque su esposa era ferviente católica, él nunca se tomó la religión muy en serio, prefiriendo en su lugar una filosofía laica, basada en el racismo y la lucha. El enloquecido rumor sobre sus antepasados no hizo nada para cambiar sus ideas. Por el contrario, le reafirmó en ellas, como una forma de negar los rumores y ganar aceptación social. Bruno Heydrich era un ferviente admirador de Wagner, cuyo estilo copiaba en sus óperas, y recordaba con cariño su breve periodo de estudio con la viuda del maestro, Cosima, en Bayreuth, en el verano de 1890. Como Wagner, era un convencido antisemita, que consideraba a los judíos como un peligro para Alemania. Bruno también buscó inspiración en el trabajo de Houston Stewart Chamberlain, que reconocía su deuda con Wagner, y que se casó con Eva, la hija del compositor, en 1908. Según Chamberlain, nada era más importante que la raza. La historia se había formado por la lucha racial, que dictaba la vida y la muerte de las naciones. En este sistema darwiniano, los alemanes eran los mejor situados para tener éxito y gobernar a los demás. Ésta era la filosofía que Bruno Heydrich inculcó a sus hijos, particularmente a su favorito, Reinhard, que con su pelo rubio y ojos azules se ajustaba al estereotipo del héroe nórdico. A pesar de la reputación de Bruno como nacionalista, el rumor sobre sus orígenes judíos continuó perjudicando a la familia. Afectó directamente a sus hijos, que fueron insultados en la escuela, y probablemente marcó para siempre con un complejo de inferioridad a Reinhard Heydrich para el resto de su vida. Posiblemente nunca se convenció completamente de que los rumores carecían de base, y siempre tuvo dudas sobre su identidad. Un conocido más adelante recordó que, de adolescente, Reinhard inventaba exageradas historias sobre sus antepasados. “tenía miedo de que le tomaran por un judío, o quizás dudaba sobre si lo era realmente”. Mientras su hermano más joven, Heinz, recurría a la violencia, llevando un cuchillo escondido y amenazando a sus atormentadores, Reinhard evitaba el enfrentamiento directo. Se convirtió en un melancólico solitario que intentaba probar su superioridad sobre sus compañeros en las aulas y en el campo de deportes. Como escolar, desplegaba siempre una feroz energía, una voluntad para tener éxito que más adelante lo ayudaría a impulsarse hacia arriba dentro de la jerarquía del III Reich.

Mac Donald, Gallum: The killing of Reinhard Heydrich. The SS “Butcher of Prague” –  (1989) Da Capo Press, Nueva Yotk 1998 pp. 6-8. Traducción de este blog.

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