Ocupación alemana en Gdynia

Del mismo libro del Cardenal Hlond

En muchísimas parroquias no existe culto alguno. Los padres bautizan a sus niños. Quedan prohibidos los matrimonios entre polacos. De los Sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía sólo queda un piadoso recuerdo. No hay modo de practicarlos. La mayoría muere sin sacramentos; se considera muy afortunado quien puede lograr una secreta visita de un sacerdote, durante la noche, para recibir de él la Absolución y la Extremaunción. Todas las Asociaciones católicas y las obras de caridad han sido disueltas. Se puede afirmar de un modo general, que las condiciones religiosas son peores que en país de infieles. La persecución está alcanzando su fin: suprimir completamente la fe.

Damos a continuación algunos detalles que podrán ilustrar este estado de cosas. Consta, sobre todo, que se tiende a suprimir de un modo sistemático e inhumano todo elemento católico de la diócesis. Algunas personas de las más destacadas han sido fusiladas, entre ellas Thomas Komierowski, camarero de Capa y Espada de Su Santidad; el presidente del Tribunal de Gdynia; el director de la Academia de la Marina; el director del puerto. Todos ellos católicos distinguidos.

Todos los propietarios de abolengo han sido expropiados de sus tierras; incluso familias que residían en el país desde hacía siete u ocho siglos. Se ha expropiado también a unos diez mil agricultores, que constituían el núcleo y la base de aquella región. Se ha fusilado o confinado a todos los intelectuales polacos. Un inmenso número de personas, mas de 250.000, fueron despojadas de sus bienes, de sus ropas, de su dinero y, más tarde expulsadas al territorio del “Gobierno General”. Esto ocurrió en Gdynia y en otros pueblos del campo. Las deportaciones se hacían en vagones de tren destinados a bestias y bajo un invierno de hielo, a 25 grados bajo cero. Después de dos, tres o cuatro días de viaje, durante los cuales los desgraciados no habían recibido alimento alguno ni habían podido salir de los vagones ni siquiera para sus necesidades naturales, los trenes los dejaban cerca de Cracovia, de Radom, de Tomaszow Masowiecki o en otras zonas del “Gobierno General”. Decenas de personas habían muerto de frío durante el penoso viaje, sobre todo ancianos y niños. Más tarde se comenzó a detener y a deportar, primero a cientos; luego a miles de hombres, de mujeres y de jóvenes, que eran llevados a Alemania y allí sometidos a trabajos agrícolas o empleados en la industria o en la fabricación de armas, en condiciones de verdaderos esclavos, mal alimentados y peor pagados. Y, lo que es peor, muchos jóvenes polacos han sido llevados por la fuerza al interior de Alemania para educarlos en la impiedad hitleriana, y a las muchachas condenadas a la más terrible suerte.
En Gdynia, que en doce años había llegado a contar 120.000 habitantes, sólo viven actualmente unos 15.000, todo ellos alemanes traídos de los países bálticos y del interior del Reich. Las iglesias fueron destinadas a prisión y profanadas por las necesidades fisiológicas de la población allí recluida durante varios días. La iglesia de la Santísima Virgen se ha transformado en templo protestante. Sólo a los marinos alemanes se autoriza a entrar en la iglesia del Sagrado Corazón los domingos.

S.E. el Cardenal Hlond primado de Polonia: Atrocidades cometidas por los alemanes en Polonia. (no se indica traductor ni edición original, posiblemente basado en la mexicana). Mateu Editor, colección Grandes Actualidades, Barcelona 1945. Pg. 73-75

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